Revistas: La Danza del Ratón
Abril 23, 2008Esta segunda parte del primer encuentro sobre revistas de poesía en el CCC, pertenece a Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953). Es autor de Quítame estas cruces, Tiendas de campaña, Dos épicas, Mujeres, Muro con lagartos, entre otros títulos. Además, es músico. Participó del consejo de redacción de la revista La Danza del Ratón. El primer número salió en 1981 y el último en 2001 (se publicaron 20).
Mileo: La Danza del Ratón es un caso diferente (a Poesía Buenos Aires) por la época que se vivía (dictadura militar). Yo no estuve desde el primer número. Me incorporé en el cinco, antes de que asumiera (Raúl) Alfonsín la presidencia. Igualmente compartía con los poetas que hacían la revista muchas cosas. Entre otras, los textos que se iban a publicar. Desde el primer momento La Danza del Ratón se propuso como meta la publicación de aquellos poetas que no tenían cabida dentro del establishment editorial. No existían las pequeñas editoriales de poesía que hay ahora y muchísimo menos la publicación de poetas del interior del país, que era prácticamente nulo lo que se conocía en Capital, salvo casos como Juan L. (Ortiz). Nosotros tomamos como meta los poetas que tuvieran poca difusión (…), como el caso de Juan Carlos Bustriazo Ortiz, un poeta de La Pampa, que nosotros publicamos. Prácticamente no se conocía. Es un poeta que tiene 80 títulos inéditos, una producción imposible de alcanzar, es como el Corín Tellado de la poesía argentina.
Me hizo pensar algunas cosas que dijo Rodolfo (Alonso) acerca de la vanguardia, que tiene que ver con la creación de grupos alrededor de revistas literarias, pero me hizo reflexionar lo siguiente: en estos momentos no existe la concepción de vanguardia, que a mi entender es una consecuencia de la crisis de la vanguardia política. En el momento del auge de las vanguardias es el momento del auge de la Revolución Rusa, la revolución extendida a toda Europa, la Guerra Civil Española, etc., etc. Todo el período de Poesía Buenos Aires tiene que ver con el auge de la Revolución Cubana, los movimientos libertarios de Latinoamérica que desembocan en la Revolución Cubana. Después de las masacres y los golpes de Estado en toda Latinoamérica, se pierde el concepto de vanguardia. Se liquidan las vanguardias políticas, se pierde el concepto de vanguardia, incluso estéticamente. Ya no existen las vanguardias estéticas. No sólo no existen, no son deseables. La gente desconfía de las vanguardias. Esto es lo que pasa con los jóvenes que han nacido en plena dictadura militar y posteriori, que desconfían de las vanguardias, llámense políticas o estéticas. Esto es lo que lleva al famoso transversalismo u horizontalidad, aunque aparentemente somos todos iguales, aunque ninguno de nosotros es igual a Telefónica, al Citibank, pero parecería que la tendencia de horizontalidad cortaría con alguna supuesta burocracia enquistada en el concepto de vanguardia.
En la época en que surge La Danza del Ratón había fundamentalmente tres revistas de poesía, las más conocidas, que eran Último Reino, XUL y La Danza del Ratón, con posiciones estéticas claramente diferenciadas. El neorromanticismo era la estética de Último Reino, la poesía concreta y sus derivados era la estética de XUL y la poesía más ligada a lo social era la estética de La Danza del Ratón. A pesar de esto, en las revistas, salvo excepciones, nunca se llevó un debate de enfrentamientos estéticos-políticos. No había artículos destinados a discutir la estética de los otros, simplemente se marcaba una estética propia y un camino con la revista. Nosotros fuimos desarrollando este camino, pero fuimos también abriendo el espectro. Entramos también en lo que significó la disolución de las vanguardias. Es decir, en los últimos números de La Danza del Ratón se publicaban poetas que simplemente nos gustaban, no había una relación entre lo estético y lo político que nos condujera a publicar “esto sí” y “esto no”.
En estos momentos hay un gran auge de pequeñas editoriales de poesía. Mi visión particular es que esto obedece a que los poetas hemos caído más en desgracia con la publicación de nuestras obras. Es decir, nos vemos obligados a ser nuestros propios capitalistas porque el capitalismo no nos quiere ni en la sopa. Las editoriales no quieren de ningún modo publicar poesía. Ya no hablemos de aquello de “la poesía no se vende porque la poesía no se vende”. En estos momentos es un poco anacrónico. Ahora se vende todo. Solamente hay que armar una buena campaña publicitaria y se venden artistas, bailarines, cualquier cosa. Es más, una gran cantidad de poetas entraron en el mercado de la literatura como la única realidad posible. O sea: tenemos que editar, llegar a los concursos, los festivales, leer en recitales que organice alguna institución estatal, que, por supuesto, nada de esto está mal, pero no existe el concepto de vanguardia –vuelvo al principio-, como decía Rodolfo (Alonso) de enfrentamiento a establishment, a lo establecido. En su momento, las vanguardias políticas representaron el enfrentamiento contra el sistema, vanguardias marxistas contra el sistema capitalista por una sociedad socialista. Las vanguardias literarias o artísticas recogieron ese guante y se lo enrostraron a la estética del establishment. Dijeron: “No queremos esos cisnes”, “no queremos ese acartonamiento, queremos otra cosa”. El inodoro de (Marcel) Duchamp muestra que las vanguardias querían otras cosas. Hasta está significando: “con esto los estamos cagando” o “ustedes van a venir a cagar acá”. Es una provocación, una actitud precisamente de vanguardia, ponerse al frente de las reivindicaciones del arte y llevarlas contra el establishment estético.
Continúa: Rodolfo Edwards (La Novia de Tyson)
Primera parte: Poesía Buenos Aires