Poesía precolombina
Mayo 10, 2008Por Miguel Ángel Asturias
Los poetas se reunían en la “Casa del Canto” a componer poesía que se cantaba y poemas para acompañar las danzas, entre los artistas de la pintura en plumas, los plateros de oro, los lapidarios, talladores de cristal de roca, esmeraldas, jadeítas y piedras de mil colores, llamadas del pájaro-mosca, los músicos, los escultores que se escondían para tallar las imágenes de sus dioses, los que fabricaban las armas de guerra y de caza, los festivos enanos, los cómicos, todos llamados artistas de palacio, sin faltar el que tejía lana, pluma y seda, el que interpretaba el almíbar del sueño de sus señores, el curtía y trabajaba la pieles de los jaguares, el que mejoraba las rosas de los jardines, el que seguía al pie de los astros el calendario, el del tesoro con sus bolsas de cacao minúsculo, prieto y perfumado, mientras afuera aleteaban las voces de los mercaderes, lejos del recinto de los artífices, tratantes vendedores de mantas, de huipiles, maíz, fríjol, semillas, chian, tamales, pepitas, miel, pulque, algodón vegetal, cal, frutas, pescado, chile carne, leña, ollas, comales, cestos, huevos, gallinas, navajas, hiervas, incienso de tierra, esteras, hule, escobas, engrudo, resinas, cañutos de humo y buhoneros que iban y venían entre los embarradores de cabezas, los que ofrecían atoles fríos y calientes, los panaderos, los tintoreros, los jicareros, los hortelanos, sastres, albañiles, carpinteros, pintores, canteros, cantores, herreros, lapidarios y el tumulto de los compradores.
En este mundo de fábula que nos dejaron a quema estampa los cronistas, no fue la menos importante, entre las artes, la poesía; y si poco se habla y se conoce, cabe decir que fue la más combatida por los religiosos, que la encontraron pecaminosa, frutal, solar, solar, embanderada de misterios y magia, diabólica, en una palabra, para su gusto ascético, sus dogmas y teologías. Se prohíbe cantarla –toda poesía se cantaba entre los indígenas-, o bien declamarla al compás de sus músicas, y cuando no se prohíbe, es sometida a la previa censura de los párrocos. Nada o poco va quedando de ella. Pasa oralmente de una generación a otra, enseñada por los mismos poeta, a falta de alfabeto, o bien escondida púdicamente en las tablillas y libros en forma de acordeón, fabricados con finísimos cortezas de árbol; escondida, como tórtola, en los dibujos que se tienen para recordarla, para arrancar de los ideogramas el verbal esplendor de la que podría llamarse poesía épica, fundida en rayos y truenos, para celebrar las victorias, en la guerra, o la del habla acurrucadita, que llamaríamos lírica, para uso amoroso o quja doliente del que no halla consuelo aquí en la tierra y añora el paraíso en que antes vivió o al que sueña volver, por esperarlo allí, entre fiestas y flores, sus muertos y sus dioses.
Fragmento de la introducción de Poesía precolombina, editorial Fabril.
Y TODO FUE DESTRUIDO
… Todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos,
nosotros lo admiramos.
Con suerte lamentosa nos vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están salpicados con sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos, es como si hubiéramos bebido
agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia nuestra red de agujeros.
En los escudos fue su resguardo:
¡pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad!
Hemos comido palos de eritrina,
hemos masticado grama salitrosa,
piedras de adobe, ratones, tierra en polvo, gusanos.
Todo esto pasó con nosotros.